Buscar

Espacios.

mes

marzo 2014

Dos cualidades

Sentido común y sentido del humor. No sé porque desde hace tanto tiempo me ronda la cabeza escribir sobre estas dos cualidades que se explican ellas solas.

No creo que sea difícil inferir que quiere decir tener sentido común: actuar sensatamente de acuerdo a algo que todos deberíamos saber al ser parte de una comunidad. Sin embargo, este concepto se contradice por completo. Normalmente el sentido de la comunidad no es el más sensato, es por eso que son pocas las personas que tienen sentido común. Es totalmente inapropiado hablar de comunidad y de sensatez porque, como dijeron en una obra que vi hace poco, “la mayoría nunca tiene la razón”. Aun así, actuar con sentido común debería derivar en beneficios para uno mismo y para la comunidad; es decir, actuar con sentido común es actuar como “debería” hacerse. Es una cuestión de tener conciencia de leyes básicas.

El sentido del humor tal vez necesite una explicación un poco más amplia. No es reírse de cualquier cosa, pasar el día haciendo chistes o actuando como un payaso. El sentido del humor depende totalmente de la percepción de la persona, de saber reconocer situaciones irónicas, peculiares, que por su extrañeza nos causan una risa no siempre alegre pero si nítida, que comprende. Tener la capacidad de reírnos de nosotros mismos es la cumbre del sentido de humor. Tal vez esta sea mi cualidad favorita ya que nos permite conocernos a nosotros mismos y alejarnos un poco de la situación para reírnos de ella y observarla con un ojo más crítico. Reírnos en grupo también es una bendición. Reconocer que sentimos el mismo dolor, que atravesamos las mismas penurias, le quita tensión a cualquier situación y nos permite reírnos y apoyarnos mutuamente.

Estas dos cualidad, sentido común y sentido del humor, van estrechamente ligadas a la inteligencia. Es por esto que me gustan, que las busco en las personas y las admiro si las encuentro. Son señales de una inteligencia refinada, no necesariamente profunda, más bien sensible. Sobre todo, las personas que tienen la suerte, el privilegio de ostentar estas cualidades poseen una inteligencia que no los aísla (como a los genios matemáticos o físicos) sino que los acerca a los demás. Es una inteligencia de grupo, que nos facilita la convivencia en sociedad. El sentido del humor nos permite reconocer la ridiculez (que es la semilla de la comicidad) y saber reconocer la ridiculez hace que sepamos alejarnos de ella, no tomarla en serio, evitándonos así ser nosotros mismos ridículos. El sentido del humor nos permite llevar luz a sitios oscuros que de otra manera no podrían iluminarse.

En fin, dos cualidades profundas que no alcanzo ni a rozar en estas pocas palabras. Dos cualidades que dicen mucho de una persona. Dos cualidades que yo considero indispensables para admirar y respetar a alguien. Cualidades que, por supuesto, pueden adquirirse y cultivarse. Todos deberíamos hacerlo.

Dámarys C.

Anuncios

Pensamientos varios sobre lo mismo.

Hace algunos días empecé a leer nuevamente Lo que el viento se llevó. Es uno de mis libros favoritos; expresa melancolía en todas sus páginas y me hace sentir más apegada a lo nuestro. Precisamente por eso quise escribir. Leyendo el fuerte sentimiento de patriotismo que abandera a la sureños no pude por menos que pensar en el patriotismo de los venezolanos. Ese apego que ha provocado más guerras que ningún otro es el que nos ha llevado a salir a la calle por más de un mes sin importar la represión, la inseguridad, el cansancio, la impotencia; seguimos aquí, intentándolo. 

Al leer, me descubrí sintiendo empatía en las descripciones de escasez y desabastecimiento producto de la guerra; la inseguridad que generan los bandidos sueltos que se aprovechan de la situación para robar y hacer daño. Entendía todo porque es lo que vivimos aquí. Parece mentira que estemos viviendo la mismas consecuencias de la guerra pero sin dirigirnos a ningún lado y no es que la guerra tenga algún sentido, pero al menos al acabar genera un cambio radical. Nosotros sufrimos pero no nos acercamos a ningún cambio. Evidentemente hay otros muchos factores que, gracias a Dios, nos diferencian de una guerra, pero en lo básico es lo mismo: muertos, miedo y falta de certeza.

Es terrible sentir que estamos atrapados en un callejón sin salida y más aún saber que ni siquiera podemos apoyarnos entre nosotros porque no nos ponemos de acuerdo ni en los problemas. Pareciera que no quisiéramos unirnos de ninguna manera.

Desde hace tiempo también vengo pensando en mi generación, la gente 90. Estos deberían ser los mejores y más productivos años de nuestras vidas y en vez de eso estamos aquí, sin otro tema de conversación que la situación del país. En lugar de hablar de clases, ideologías, pensamientos frescos y renovadores e ideas nuevas, todos estamos atascados pensando en lo mismo: Política. No digo que la política sea ajena a los adolescentes; la política no es ajena a nadie, ni a los ancianos ni a los niños. Es esa ciencia que todos vivimos y que se aprende en la universidad de la vida. Todos deberíamos tener opiniones del rumbo de nuestro país, pero no de esta manera obsesiva y enloquecedora. Ya no se habla de películas, obras de teatro, bandas nuevas o libros nuevos porque esos espacios son oxigenados principalmente por los jóvenes, y los jóvenes de este país están demasiado ocupados en las calles luchando o en sus casas, discutiendo de la situación actual con familia y amigos. Si sólo las calles y las discusiones generaran soluciones… no, no generan nada, sólo mantienen el espíritu encendido y en espera. Es cierto que todas las generaciones de estudiantes tienen su propia lucha política y yo no sé si la nuestra es las más digna o la más vergonzosa. No sé si salir a la calle a luchar por comida y por seguridad sea algo honorable, porque sólo muestra la vergüenza en la que vivimos. Volviendo atrás, a la parte en la que digo que todos los estudiantes tenemos una lucha que nos caracteriza; esto tampoco puede ser algo bueno. Si cada generación tiene que ir a luchar, entonces ¿quienes se quedan para poblar el futuro que los otros defienden? ¿quienes generan el conocimiento nuevo, los avances, las innovaciones? Es cierto que los jóvenes somos los responsables de nuestro futuro y que tenemos que pelear por él, pero después de conquistarlo (porque no me queda duda de que lo haremos) ¿con qué herramientas vamos a vivir en él? Tal vez por esto mismo es que la generación que nos sigue tendrá que volver a salir para luchar contra un presente infértil en pro de un futuro mejor. No sé si me explico bien. Hoy en día luchamos contra un régimen que nos oprime y nos concentramos sólo en eso, pero al derrotarlo no sabemos donde nos encontramos porque en la época en la que nos correspondía (ahora) no pudimos prepararnos bien, y el futuro por el que tanto luchamos se convierte en un presente vacío y sin sentido porque no pudimos llenarlo de cosas significantes en el momento que debíamos hacerlo y entonces la historia se repite de nuevo, una y otra vez: vuelven a salir otros estudiantes a luchar contra los que anteriormente lucharon por lo mismo que ellos y que dentro de unos años se encontrarán en la misma situación.

Lo que quiero decir con todo este pesimismo y (gran) simplificación de la dinámica de nuestra sociedad es que la historia de Venezuela no es más que ciclos que se repiten constantemente. Nunca avanzamos, nunca nos movemos hacia adelante porque en realidad nos movemos en círculos. Podrían decirme que toda la historia de la humanidad es moverse en círculos pero es más bien una espiral que se traslada hacia adelante; nosotros sólo rotamos. Tristemente seguimos dejando a un lado toda herramienta cultural y científica por el ansia de zambullirnos en la política para resolver unos problemas que se repetirán dentro de 10 o 20 años.

No digo que la solución sea dejar las calles y estoy consciente de que los jóvenes somos los que tenemos la fuerza para estar ahí. Si fuera sólo esta vez, el sacrificio valdría la pena pero siempre somos los estudiantes los que sacrificamos nuestra juventud cuando deberíamos prepararnos para aportar mejoras en el momento en que nos corresponde aportarlas. Desde la guerra de independencia Bolívar empezó a hacerlo: sacar a la gente de los espacios donde debían estar para llevarlos a un gran objetivo trascendental, y desde entonces no hemos dejado de hacerlo. Esto vale la pena cuando se presenta tal situación cada cierto tiempo pero cuando debemos alejarnos de nuestras esferas de acción cada 10 años entonces nos estamos convirtiendo en una sociedad disfuncional.

Creo que todo lo que escribí fue bastante confuso, incluso contradictorio. Pero así es Venezuela: confusa y contradictoria. Es imposible escribir sobre ella de manera clara y coherente, sin ir hacia atrás y hacia adelante. La misma dinámica de este país hermoso nos absorbe a todos, absorbe nuestros pensamientos y nuestra manera de afrontar las cosas. Tal vez cuando podamos hilvanar de manera clara nuestros pensamientos y formularlos de manera concisa podremos empezar a pensar en soluciones que nos lleven hacia un futuro mejor. Sin embargo, en este momento de nuestra historia no creo que sea posible pensar en la situación venezolana sin admitir que estamos rodeados de intereses, mentiras, deseos ardientes, pensamientos inconexos, ganas de salir adelante, odio y rencores pasados; toda una cantidad de elementos que nos envuelven, alejándonos de la luz. 

Ya sé (y esto último para terminar) que muchos (sino todos) países viven situaciones parecidas y hasta peores, pero yo como venezolana sólo puedo pensar en nosotros (tal vez esta sea otra de las causas de nuestras desgracias) y aunque sé que no saqué nada en claro de todo lo que escribí, me siento mucho más organizada. Espero que todos podamos organizarnos eventualmente y solucionar no sólo esta situación horrible que vivimos hoy, sino tantas mañas que nos afectan constantemente.

Dámarys C.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑