Los guilty pleasures son, como su nombre lo dice, esos placeres que disfrutamos aún sabiendo que nos pueden hacer daño, como un helado o una torta gigante. En mi caso, la comida nunca me ha hecho sentir mal, pero cuando veo capítulos de series que dan risa de lo malas e irreales que son, no puedo evitar pensar que estoy quemando voluntariamente mis neuronas. Sin embargo, semana tras semana sigo viendo True Blood, Witches of East End y Vampires Diaries y reconcer que no son buenos trabajos televisivos no da ningún mérito extra. Con las series no es tan grave: perder 45 minutos a la semana en un entretenimiento (aunque esté lleno de frases y escenas cliché, malos efectos y terribles hilos conductores) es algo que puedo permitirme sin tantos remordimientos. Pero es otra historia con los libros. Lo digo por experiencia: yo también he pasado por las listas de libros de romántica/juvenil que hay en todos los foros en internet; además, es lo único que se consigue (si tienes la suerte de conseguir libros en las librerias) en las estanterías de nuestras librerías venezolanas (a parte de los libros de autoayuda).

Estos libros tienen siempre la misma historia: chica con pasado oscuro (que, casualmente, presenta siempre la misma personalidad tímida e ingeniosa) conoce a chico problemático, mujeriego y con pasado aún más oscuro. Chico es obsesivamente sobreprotector y detallista. Se enamoran. Se pelean. Se reconcilian. Se presenta el cénit del libro cuando hay una situación de peligro (incendio, accidente de auto, secuestro, etc) que involucra a alguno de los protagonistas. Se salvan mutuamente. Fin. (probable secuela que permite al autor seguir sacando beneficio de la misma historia por dos o tres libros más y en donde sólo cambia la situación de peligro).

Reconozco que, en estas semanas de lamentable vagancia, he leído varios de estos libros. En este caso sí me averguenza reconocerlo y creo que la única excusa que puedo dar es que a veces necesito vaciar mi mente. Vaciarla de lecturas previas pesadas, de pensamientos no solicitados y alejarme del mundo real. Es como la cosa que se usa para limpiar el paladar entre platos exquisitos. Es importante lo de alejarse del mundo real. Porque la lectura puede tener dos efectos distintos: Entrar en contacto con lo que nos rodea o alejarnos de lo que nos rodea. El primer efecto es logrado por la buena literatura; no me refiero necesariamente a libros de filosofía y antropología sino a libros que se valen de una historia para entender el mundo real. El cuento más infantil de los hermanos Grimm o de Hans Christian Andersen es mejor literatura que los libros que leen los adolescentes hoy en día. Porque por más novelesca que sea una historia, por más fantasía que tenga, si nos ayuda a entendernos mejor es buena literatura. Una vez leí un discurso de Ohran Pamuk en el que decía, parafraseándolo, que la literatura no sería exitosa si las vidas no presentaran puntos comunes que permitieran entender y compartir lo que el autor escribe; es por esto que la ciencia ficción, la novela, la fantasía, pueden ser clásicos de la literatura siempre y cuando presenten escenarios emocionales, situacionales o psicológicos que se puedan presentar en las vidas de las personas que los leen. En cambio, el segundo efecto de la lectura, el que nos aleja de la vida real, nunca será logrado por la buena literatura. Es un efecto de entretenimiento como el que logran las películas que vemos en la tarde de los domingos para pasar el rato; precisamente, son libros de pasar el rato y casi todo lo que es para pasar el rato es intrascendetal, no dejará un efecto posterior en nuestra vidas. A diferencia de los clásicos, estos libros presentan situaciones excepcionales, cosas que quisiéramos vivir pero que, lamentablemente, casi nunca pasan. Y no pasan porque sea ficción sino porque los seres humanos no se comportan normalmente como se comportan en este tipo de libros; y es aquí donde reside su condena.

Por supuesto, hay muchos otros libros que cumplen el mismo objetivo de distracción sin pasar por lo repetitivo, como los muy conocidos libros de Hunger Games (aunque yo pienso que éstos en específico son subestimados por los lectores frecuentes) y Divergente. Éstos, a pesar de no ser obras de arte, tienen objetivos distintos adicionales a la historia de amor principal e incluso presentan reflexiones acerca de la naturaleza humana. Son libros que, al igual que Harry Potter, pueden servir de puente a lectores no habituales para adentrarse luego en lecturas un poco más profundas y pesadas. Sin embargo, los otros libros (chico se enamora de chica) son como una isla de entretenimiento; una vez que te enganchas con ellos se hace difícil pasar a otro tipo de lecturas.

No es mi intención criticar a nadie, ni a lectoras ni a autores, pero es preocupante ver comentarios en páginas donde describen estos libros como los mejores que hayan podido leer. No niego que este tipo de lectura te hace sentir mejor, como que hay un mundo en el que existen personas especiales y donde el amor triunfa sobre todo; el sentimiento que estos libros generan son una cosa genial, pero no son literatura y terminamos en el mismo sitio donde estábamos antes de leerlos.

Es difícil entender o identificarse con esta entrada si no has leído o escuchado de estos libros; y a los que puedan entenderme, ruego que no sientan que es una crítica sino una llamada a abrir el catálogo y subir las expectativas en cuanto a los libros que leemos; esperar que cada libro nos deje algo más que un amor platónico y ficticio; que nos permitan crecer, pensar, analizar, profundizar y conocernos a nosotros mismos y al mundo (real) que nos rodea.

Dámarys C.

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