Para continuar la entrada anterior, las que sí sirven. De hecho, pude haber omitido la entrada pasada: ¿a quién le interesa leer cosas aburridas sobre series aburridas? Pero algo tenía que hacer con la cantidad de opiniones recolectadas en verano, más aún cuando pocas personas comparten mis gustos en series (tanto los buenos como los malos)

En estos meses pude ver muchos de los estrenos de la temporada televisiva y completar algunas series cuyas temporadas me habían dejado atrás. Hablemos ahora de las que, en mi criterio, valen muchísimo la pena:

Orphan Black, The Americans, House of Cards, True Detective son algunas de las series que actualicé y la segunda temporada (da la casualidad que todas están en su segunda temporada) fue brillante en cada una de ellas. Orphan Black a veces se complica tratando de dar profundidad y moralidad a su excelente historia de ficción pero Tatiana Maslany tiene la capacidad suficiente para proporcionar en cada uno de los clones ese toque emocional que le hace falta, porque creo que aunque quieran enfocarse en la ética de la clonación, su aspecto más fuerte es el emocional a través del vínculo entre las “hermanas”. El humor es excelente y, como yo casi no veo series de comedia, me encanta una serie de drama que me haga reír.

The Americans parte de una historia fenomenal: la guerra fría. Es una temática poco explotada en los últimos años y las complicaciones familiares de los agentes rusos hacen que no te puedas despegar. Sin embargo, no me gustó ese último giro de apropiarse de los hijos de los agentes, más aún cuando falta tan poco tiempo (históricamente) para que la Unión Soviética se quiebre. Me parece que es una pobre excusa para sacar la tercera temporada; tal vez hubiese sido mejor seguir con la línea del uso de la influencia que tanto América como la Unión hacían en los países latinoamericanos. Aun así, una serie sensacional.

House of Cards es una imprescindible. A diferencia del gran defecto de The Last Ship, en HOC sí que le dan duro a los americanos. Nada de altruismo, ingenuidad, nobleza o sacrificio: los políticos en la Casa Blanca son tan corruptos como en cualquier país tercermundista. Que tienen más trabas, es verdad; que las leyes están mejor formuladas, es verdad; que sí hay separación de poderes, es verdad. Pero no dudan en mostrar claramente las mentiras, los sobornos, el tráfico de influencias. Hay quienes puedan admirar a Francis por su carácter implacable, pero yo creo que sólo es un ejemplo de las razones por las cuales vivimos en medio de una crisis económica mundial; sólo una de las consecuencia de nuestra descomposición moral.

De True Detective no hay mucho que decir. Es una obra maestra. Lenta como pocas, no había encontrado una serie que me obligara a verla sólo para escuchar los monólogos de los protagonistas ¡y qué monólogos!. Además del sexy de Matthew, por supuesto. Para los que la rechacen por tener en su título la palabra detective (aunque a estas alturas no creo que nadie la rechace) no teman. El crimen es lo de menos en esta serie. De verdad, de verdad y por favor, no dejen de verla.

Pero los estrenos también trajeron buenísimas noticias: Penny Dreadful, Manhattan, The Knick, Halt and Catch Fire, The Leftovers…

Vamos, ténganme paciencia, trataré de no extenderme.

Si cuando les diga que aparecen Dorian Drey, Drácula (el verdadero, el de Mina), un hombre lobo, una espiritista y Frankestein todavía no quieren ver Penny Dreadful, no puedo convencerlos con nada más. Claro, también está la maravillosa ambientación victoriana y las sólidas actuaciones. Otra serie lenta, eso sí. Pero hermosa. Esa es la palabra, esta serie es hermosa para la vista y el oído. Si alguien es como yo y no son muy dados al terror, les digo: el terror es el segundo plato de esta pieza. Creo que no es para todos los gustos, lo admito; pero eso no la desvaloriza para nada.

¿Manhattan? tal vez no hayan oído de ella; de hecho, no tiene más de cinco capítulos pero por lo que lleva, se merecee un aplauso. Sí, como debieron haber pensado se trata del Proyecto Manhattan, el de la bomba atómica. Nos cuenta la historia de su creación, dando especial énfasis a las relaciones personales, matrimonios, debates morales y la convivencia de un montón de científicos en un pueblo fantasma. Contando con la presencia de Oppenheimer y Bohr, a una pobre estudiante de ingeniería no podía dejar de llamarle la atención.

Halt and Catch Fire nos lleva a los años 80 y la creación de las primeras computadoras portátiles. Con personajes extravagantes, complejos y muy reales. Un hilo argumental poco frecuentado pero con muchísimo potencial, un potencial que, creo yo, supieron aprovechar.

Y ya casi para dejarlos en paz, hablemos de The Knick . Lo repito por tercera vez: si le huyen por ser otra serie de médicos, están equivocados. Porque, como lo dice su publicidad: los médicos de antes no eran como los de ahora. Las monjas son distintas, las enfermeras tienen otro papel y así para cada una de las esferas de acción. Es resaltable la fidelidad con la que presentan los procedimientos quirúrgicos de principios del siglo pasado. Nada de ocultar la sangre, los órganos o las manos en la mesa, tienen un papel fundamental en la serie. Se esmeraron en representar no sólo las carretas y los vestuarios, sino los instrumentos médicos, las camillas, las dificultades morales y, cómo no, el racismo que se encontraba hasta en el norte de los Estados Unidos.

Y ahora sí, la última: The Leftovers. Es el estreno de HBO para esta temporada y la cadena que no es televisión no se equivocó en apostar por ella. Yo no viví en la época de Lost, pero he oído por ahí que se le parece mucho; claro, es del mismo creador (si eres fan de Lost y no has visto The Leftovers, deja de leer y corre a verla). Se centra en los dejados atrás por la desaparición espontánea que se llevó al 2% de la población mundial. Todos estas desgarrados, desorientados y sufriendo. La serie hace que nos pongamos en el lugar de varios personajes para entender cómo les afectó la partida. La primera temporada no dejó mucho en claro (afortunadamente ya confirmaron la segunda) pero un mensaje que sonó fuerte: No podemos olvidar. No podemos olvidar el dolor, la pérdida, el abandono… una serie como sólo HBO sabe hacerlas; eso sí, leeenta y con muchas incógnitas. Si van a verla (y espero que lo hagan) les recomiendo que se sienten tranquilamente y con paciencia a disfrutar de las actuaciones, la banda sonora y un misterio delicioso.

¡Ah! Me faltó Masters of Sex, pero seguro que no quieren leer más. Sólo decir que ésta temporada (la segunda; debería ir en el paquete de más arriba) es mucho más dinámica que la anterior. Que todavía se mantiene con el listón alto y tiene todo el mérito del mundo para estar en esta lista.

Sin más con qué molestarlos, hasta aquí llego (esperando pacientemente la temporada de Otoño).

Dámarys C.

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