Religión y política. Por más que queramos, es difícil dejar de girar alrededor de estos temas: uno por universal y el otro por necesidad. Y es que ambas cosas exponen nuestras facetas más humanas y vulnerables; hablar de religión y política -abierta y sinceramente, escuchando de verdad- puede revelar muchas cosas de una persona: lo que admira, lo que teme, lo que sueña.

Hoy quiero hablar de religión. De mi religión.

La semana santa es -junto con la navidad- una de las épocas del año donde los católicos reafirmamos nuestras creencias. En la navidad nace el hijo de Dios y para celebrarla apropiadamente hay que reconocerlo como tal. En la semana santa conmemoramos el martirio y celebramos la resurrección de Jesús, actos nada pequeños que lo certifican como Dios. Además de la celebración, se cumplen una serie de reglas: no se puede comer carne los viernes durante 40 días (Cuaresma) ni el jueves y viernes santo. Se recomienda también hacer pequeños sacrificios de cosas que disfrutemos. También están el miércoles de ceniza, el domingo de ramos y otros días conmemorativos importantes de los cuales desconozco el origen y el significado. Este desconocimiento es una de las cosas que me hizo escribir esta entrada. En la cuaresma siempre me pregunto por qué estará mal comer carne y pollo los viernes; y lo hago pero, si no entiendo por qué, no creo que esté cumpliendo demasiado. Mas aun, no creo que semana santa sea coincida con la fecha de los acontecimientos que celebramos, al igual que es difícil que tantos años después se haya mantenido que la fecha del nacimiento de Jesús es el 25 de Diciembre. Otra factor que me puso a pensar fue la lectura de Villette, última novela de Charlotte Bronte; en ella, se hace una fuerte crítica al Catolicismo solemne y ritual, con kilos de oro y plata en las iglesias, con jerarquización del poder, entre otros elementos imposibles de negar. Me he dado cuenta que, del Catolicismo, me cuesta creer muchas cosas, niego rotundamente otras cuantas y me averguenzo un poco de algunas. Todo esto podría parecer una nota explicativa antes de volverme musulmana, pero no es así. Si alguno de mis familiares -todos profundamente católicos- está leyendo esto, le pido que respire y lea hasta el final.

Quise escribir para ordenar las ideas que vinieron en mi ayuda a la hora de explicar las dudas arriba planteadas. Que  las fechas importantes que celebramos no coincidan con los sucesos originales es un hecho, porque la Semana Santa nunca cae en la misma fecha pues está sujeta al calendario católico en el que las fechas se establecen por la cuenta de días: 40 días de cuaresma, tantas semanas de tiempo ordinario, etc. Pero esto no tiene importancia porque para los católicos lo importante es no olvidar que Dios se hizo hombre, sufrió, murió y resucitó. Todos los años lo recordamos, hablamos de eso en misa, le dedicamos pensamientos, cumplimos promesas… esta periodicidad reafirma nuestra fe, nos recuerda nuestras creencias más importantes y no importa en qué fecha del año hagamos esto. En cuanto a la comida y al ayuno: no creo que comer carne o pollo en un viernes de cuaresma me haga mala persona o mala creyente. Siempre trato de cumplirlo porque es una tradición y precisamente tratando de cumplirlo me di cuenta de que ayunar da muchas lecciones: aprender a sacrificar algo que, además, ni siquiera es un gran sacrificio porque se puede comer cualquier otra cosa; aprender a respetar las tradiciones, aprender a ser más comedidos, menos despilfarradores, más desprendidos. Además de la carne, los sacerdotes sugieren también hacerlo con cosas que nos gustan mucho. Sí, los rituales son solemnes y son majestuosos, pero no creo que esté completamente mal alabar a Dios como el rey que es, claro que ésta no es la única, ni siquiera la mejor, pero es una forma.

Siempre hay dudas. Para mi es claro como el agua que Dios existe pero ¿y lo demás? Que Dios exista no quiere decir que necesariamente vaya a haber un paraíso después de la muerte; para mí que Dios exista le da sentido a kas cosas, que todo tiene una razón. El paraíso, el infierno, el purgatorio, el ayuno, la cuaresma.. a mi parecer son todas cosas útiles pero no necesarias. Si todo eso no existiera, yo aun creería en Dios. No sé si esto es bueno o es malo. Son los preceptos de mi Iglesia y no reniego de ellos; y como es cuestión de elegir, yo elijo creer. Estas ideas me han hecho quien soy y las recibo con los brazos abiertos. Sin embargo, si alguien no cree en nada de lo anterior y es una persona honesta, trabajadora, servicial, empática y misericordiosa, seguiré pensando que está en el camino de Dios. Las costumbres no son universales pero conllevan valores humanos que todos debemos buscar.

A pesar de no estar completamente segura del significado de algunas cosas de mi religión, creo que sus elementos tienen un propósito importante, si quieres encontrarlo.

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