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julio 2015

Trabajo Final.

Ya he colgado algunos de mis trabajos de la universidad aquí. No sé si dije por qué lo hago. No es para que todos elogien o critiquen mis ensayos. Es sólo porque estudio ingeniería y es muy poco probable -por no decir imposible- que mis ensayos vayan a trascender de alguna manera y por alguna razón me molesta pensar que trabajos en los que puse una gran cantidad de pensamientos y de investigación se vaya a perder. Puede que aquí nadie los vea de todas formas, pero me gusta tener agrupados todos estos documentos, que estén en algún lado además de en mi disco duro. Incluso he pensado en colgar mis informes técnicos; quién sabe si podrían servirle a alguien.

Ahora dejo un trabajo que, lo advierto, es bastante largo. Es largo porque es un trabajo final y valía 30 puntos. De esta misma materia tengo muchos escritos cortos que montaré en algún momento.

De la URSS al Socialismo del Siglo XXI: El arte como herramienta política.

Hace algún tiempo llegó a mis manos un libro de Vargas Llosa titulado La Civilización del Espectáculo, ensayo que hace una fuerte crítica a la “cultura” moderna, en la que cualquier libro es considerado literatura y todos los cuadros son arte. En su texto, Vargas Llosa analiza las diferentes causas que han colaborado en esta banalización de la cultura; por eso, no me sorprendí cuando, entre los últimos capítulos, encontré una mención al gobierno venezolano, en que lo tomaban como ejemplo de cómo la política puede destruir la cultura de un país[1]. Algunos días luego de terminar el libro, me encontré con un artículo de opinión en el diario El Nacional que hacía referencia a la reseña de una poeta alemana que visitó el país unos días por el décimo Festival Mundial de Poesía en Caracas; la escritora se dedicaba a contar su experiencia en la ciudad y criticaba numerosos factores que ya son cosa usual para los venezolanos[2]. Entre las cosas que más molestan a la alemana se encuentra el empeño del gobierno de “intentar vender propaganda como arte y así degradar el arte al nivel de propaganda”[3]. Finalmente, el texto de Borja[4] discutido en clases[5] terminó por afianzar la certeza de que debía escribir sobre este tema. Escribir objetivamente –intentar que sea objetivo- acerca de la propaganda mediática que el gobierno venezolano hace a través del arte desde hace algunos años. Es difícil escribir sobre política sin que las opiniones personales coloreen el texto, por esto usaré los textos mencionados anteriormente para matizar impresiones e intentar hacer una aproximación al asunto a través de comparaciones con el desarrollo artístico en la Rusia Soviética.

Me parece apropiado comenzar el análisis con una frase que estuvo en los inicios del proceso revolucionario venezolano: “Patria, Socialismo o Muerte”. La sentencia no carece de cierto ritmo, pensada para que resuene en nuestros oídos de manera profética, casi poética. Es precisamente esta característica la que acompaña a todos los actos del gobierno de Hugo Chávez de ahí en adelante (e incluso ahora) y que, como todo en política, tiene un sentido que va más allá de las palabras. Desde un principio, la Revolución fue pensada para romper con todo lo que no significara un avance al Socialismo del Siglo XXI y un primer paso consistía en inculcar en el pueblo un compromiso férreo con el proyecto, no había espacio para las dualidades: O estás conmigo o estás contra mí. Para lograr moldear esta clase de compromiso es necesario contar con la materia prima más poderosa: los sentimientos. Las pasiones. El amor –y el odio- de la gente era lo que necesitaba Chávez para comenzar a caminar hacia un control total de lo que pasaba en el país. Y en función de eso empezó a trabajar.

Comenzó con Simón Bolívar. Citándolo y ensalzado sus obras. Erigiendo monumentos y colocando pinturas en los Ministerios y espacios oficiales. Parecería un inocente e incluso adecuado tributo al Libertador, pero más que reconocimiento Chávez pretendía que Bolívar conquistara nuestros corazones. Es ésta una de las características que menciona Borja[6] en su texto cuando nos habla de Lenin erigiendo por toda Rusia monumentos a los héroes revolucionarios.

En su gobierno, Chávez buscó rodearse de personas que no sólo apoyaran la Revolución sino que demostraran un abierto afecto hacia él. El actor Sean Penn no dudó en llevarse un gran afiche del entonces presidente en una de sus visitas al país y de defender calurosamente tanto las bondades del Régimen como las virtudes de Chávez.

Por otro lado, el gobierno se valió de patrocinios para canjearse el apoyo de muchos artistas. Este es el caso de Gustavo Dudamel, el mejor director de orquestas venezolano actualmente. Una mente que ha brillado en el exterior es vital para la imagen del Régimen: es venezolano y es chavista. Tanto así, que en Enero de 2013, el director ofreció un concierto por la salud del presidente Chávez[7]. Como nos limitaremos al arte, no hará falta mencionar casos similares entre deportistas internacionalmente famosos; sin embargo, sí viene al caso los cantantes que abiertamente apoyaron el régimen como Hany Kauam, Omar Enrique, Roque Valero, el Potro Álvarez o Florentino Primera, por dar algunos ejemplos de la actualidad. Tal vez éstos no sean grandes y reconocidos exponentes musicales, pero son personas que desarrollan sus actividades en el terreno “despolitizado” de la música. Es decir, su apoyo es importante para este texto no basados en su nivel artístico sino debido a la esfera de donde proviene y a la esfera a la que se dirigen. Muchos de ellos han ocupado –incluso ahora- algún cargo en el gobierno.

Con los ejemplos dados hasta ahora es suficiente para hacer una pausa y comparar lo expuesto con el Realismo Socialista de la URSS. Tal vez la comparación no resulte evidente debido a que en los párrafos anteriores no hemos nombrado a ningún pintor y precisamente este inciso será útil para recordar que la comparación que aquí se hará no busca matizar el nivel de arte de cada país sino analizar el arte como herramienta política que se observa en ambos casos.

Borja cita en su texto acerca del arte en la Unión Soviética:

El realismo socialista, por ser el método de base a la literatura y de la crítica soviética, exige del artista una representación verídica, históricamente concreta de la realidad en su desarrollo revolucionario. Además, el carácter verdadero e históricamente concreto de dicha representación artística de la realidad debe combinarse con el deber de transformación ideológica y de educación de las masas dentro del espíritu del socialismo.[8]

Aquí encontramos una semejanza: La Revolución Venezolana busca, como la URSS, educar y conquistar. De hecho, los eventos culturales realizados por el gobierno están cada vez más politizados. Han dejado de ser espacios de creación y se han convertido en oportunidades de agradecer al Comandante y de reafirmar su legado. Pero sobre esto volveremos más adelante. En Venezuela, no todas las obras producidas y publicadas por los artistas tienen que cumplir con el adiestramiento revolucionario pero al menos la gran mayoría de las obras producidas por el gobierno lo hacen.

A partir de aquí nos resultará difícil establecer semejanzas con el sistema soviético. Tal vez la diferencia radica en que la URSS logró un cambio en el arte porque lo utilizaba para expresar una ideología profunda, que todos debían entender y abrazar. Chávez quería lo mismo, pero más que instruir acerca del Socialismo, él quería que amáramos la Revolución; no quería hacernos pensar, quería hacernos sentir. Esto se observa claramente en el hecho de que la Unión Soviética logró crear toda una corriente artística en la que las obras tenían tanto valor por sí mismas, que a pesar de ser herramientas políticas, no deslucían en sus cualidades. Borja nos dice:

Se suele considerar al arte Soviético una mera propaganda del régimen antes que arte como tal. Pero lo cierto es que la propaganda está dirigida a las masas y aunque la temática de una obra pueda resultar propagandística el valor estético no desaparece por completo.[9]

En Venezuela, ningún artista ha reflejado el valor de la Revolución a través de creaciones artísticas. Para lograr algo así, tendría que haber surgido en estos últimos años un artista como Alí Primera, cantautor de talento indiscutible y con abras abiertamente revolucionarias, pero éste es de una generación anterior, y no comparte espacio en estos párrafos con personajes como el Potro Álvarez o los Cadillacs. Por otro lado, entre los artistas que apoyan al régimen venezolano el más rescatable es Dudamel y éste, además de conciertos con propósitos partidistas, no ha cambiado la temática de sus interpretaciones ni se ha vuelto exponente de un tipo de música que pueda asociarse a alguna ideología específica; tanto en el exterior como en Venezuela, Dudamel sigue interpretando a los clásicos. Más aún, en el concierto dedicado a Chávez que mencionábamos anteriormente, Dudamel interpretó la Novena Sinfonía de Beethoven, una pieza, por cierto, muy poco revolucionaria.

Así, nos encontramos con una premisa importante: Venezuela no ha producido arte revolucionario. Por lo tanto, ¿de qué manera usan el arte como propaganda política?

Cuando hablo de arte, me refiero al significado literal de la palabra, todo lo que es considerado arte: literatura, pintura, música, danza, cine. Sin embargo, y como se ha podido observar, para Chávez y para los que vinieron después de él, el valor artístico era un elemento secundario, lo importante era el alcance de la herramienta. ¿Música? Para ellos era suficiente que Omar Enrique, Los Cadillacs y Hany Kauam compusieran “Corazón del pueblo”[10] como una muestra del talento venezolano. ¿Es esta canción fruto de la Revolución? Sí. ¿Es arte? No. Y como este, se multiplican los ejemplos. Como sucede con Patria, Socialismo o Muerte, la canción llegó a todos los rincones del país y se convirtió en un estribillo corriente en los hogares. No es mi intención expresar con esto que una expresión artística con contenido político deje por esto de ser arte o pierda valor; como se dijo anteriormente, mientras se comuniquen sentimientos e ideas y la composición tenga, de hecho, contenido, el uso que se le dé a la obra no va a menospreciar su valía. Para complementar esta idea, volvamos a la URSS. En su texto, Borja comenta:

Se puede tener la tentación de denominarlo arte oficial [al Realismo Socialista] pero sería una visión simplista ya que, el arte no estaba realizado por políticos sino por artistas que expresaban sus ideas y aunque atados a un método elegían la temática y la mostraban según sus ideas.[11]

En mi opinión, en el caso de Venezuela ocurre lo contrario: podemos llamarlo oficial, pero no podemos llamarlo arte.

Con esto claro, podremos pasar a una segunda cuestión: si la Revolución venezolana no está usando arte -arte verdadero- como propaganda política entonces, ¿qué ha estado ocurriendo con los verdaderos artistas, con los concursos literarios, con las presentaciones musicales? Xochil Schutz nos ayudará a aclararlo contando su experiencia.

La sala de aspecto señorial, amoblada con sofás de cuero, tiene aire acondicionado. En las paredes lucen pinturas, la más grande de todas muestra al presidente Hugo Chávez, fallecido en mazo de 2013[12]

Chávez muere e inmediatamente el retrato de Bolívar es acompañado por uno del ex-presidente. Esto es lo primero que nota la poeta alemana al llegar al aeropuerto Simón Bolívar para el décimo Festival Mundial de Poesía en Caracas.

A partir de aquí, comenzaremos a notar el uso que le da el gobierno de Maduro, aprovechándose de la figura martirizada de Chávez, a las imágenes. Ya no queda duda de que no es arte, es simplemente una reproducción constante y masiva de ojos de Chávez, de la firma de Chávez, del Corazón de la Revolución. Y aquí encontramos la última semejanza con el desarrollo del arte en la URSS: “Los que se quedaron [refiriéndose a los artistas] se dedicaron al diseño industrial para librarse de la represión”[13]

Sin embargo, de nuevo nos encontramos con que, a pesar de que la Revolución Venezolana busca lo mismo, en la práctica se aleja del método ruso. Mientras en la URSS “El Departamento de Bellas Artes, dependiente del Comisariado Popular de Cultura, inspirado por las ideas de Lenin abrió por toda Rusia museos fuertemente subvencionados en los que las obras eran seleccionadas minuciosamente[14], en Venezuela tenemos que conformarnos con la silueta de Chávez en las calles. Recientemente estuve en Barinas y me sorprendió lo mucho que aparecía la cara de Chávez en las paredes; su firma, no sólo en los edificios de Misión Vivienda, sino también en autobuses y tanques de agua. En las calles había más pinturas de los ojos de Chávez que letreros de señalización. A pesar de ser ésta una experiencia personal, es mejor apegarnos al testimonio de Schutz que, al ser alemana, proporcionará una visión mucho menos parcializada de la situación y que, siendo poeta, nos hablará desde el interior de la esfera artística venezolana.

Resulta que hay otra presentación antes de la mía: la de Chávez. En una pantalla gigantesca se le ve y se le oye, gesticulando de forma exageradamente sentimental, mientras recita un poema[15].

Durante su estancia en el país la poeta alemana trata de entender por qué un presidente muerto tiene que decir unas palabras antes de cada presentación. Por qué deben recitarse los logros políticos de un sistema en un festival de poesía. Por qué ella, que es poetisa y es alemana y no entiende de política venezolana ni conoció a Chávez, debe decir por radio las cosas que le agradece al presidente Chávez:

“Por la tarde tengo una entrevista con la televisora cultural más grande del país. Me dicen que debo decir frente a las cámaras lo que significa Chávez para mí. Me rehúso y le explico al empleado de la televisora que la poesía es independiente. Me ven con sorpresa”[16]

La crónica de la alemana responde mejor que cualquier cosa la pregunta planteada hace unos párrafos: El arte en Venezuela no está siendo restringido, pero es tomado y maquillado para que sirva a la Revolución. Los festivales no han dejado de hacerse, pero deben cumplir una serie de parámetros. En su relato, Schutz nos proporciona una imagen de cómo está siendo utilizado el arte “verdadero”.

La Revolución toma todo: lo sencillo y lo profundo, herramientas nuevas y recursos milenarios, imágenes simples y organizaciones complejas, y los pone a su disposición. En Venezuela no se usa el arte como propaganda, pero la propaganda acapara el arte.

En Venezuela no se está utilizando arte para fortalecer la Revolución. Se están utilizando imágenes y referencias populares para promover un sentimiento; para que no olvidemos. La parametrización de lo que debe ser el arte en una sociedad -como se hizo en la URSS- está mal, pero tal vez sea peor, como dijo Schutz “intentar vender propaganda como arte y así degradar el arte al nivel de propaganda”[17]. Si hubiese arte podríamos rescatar algo de todo esto, pero al gobierno sólo le interesa que sus imágenes se reproduzcan rápidamente, que lleguen a todas las casas –a todos los corazones-. Las imágenes de la Revolución, como el Realismo Socialista –salvando la inmensa distancia entre ellos- deben ser sencillas, entendibles, familiares. El gobierno quiere recordarnos por qué la Revolución es buena, pero no debe ser algo con sentido artístico –o con cualquier sentido- porque entonces podríamos comenzar a pensar.

No. El gobierno venezolano no está usando el arte como propaganda; pero hacen algo más. Ellos conocen la influencia de unos ojos que lo ven todo, como el Gran Hermano de Orwell. Reconocen la magia de una firma, que puede tomar posesión de un edificio y de todos los que viven en él, como si firmara un contrato: esta casa por tu voto. Son conscientes del poder de la imagen, de la música, de la palabra. No. En Venezuela no se hace propaganda política con el arte, pero se hace algo más que propaganda y este es un hecho igual de alarmante.

Por esto, a diferencia de la URSS, en Venezuela sigue habiendo buen arte que, siendo ignorado por el gobierno, se mantiene libre. Además, las redes sociales y el internet contribuyen a dificultar la monopolización del arte. A cada momento surgen artistas innovadores que no pueden ser utilizados para dar un mensaje. Artistas virtuales que sólo son conocidos en la red. Tal vez estemos lejos de marcar una corriente, como los artistas de la URSS, pero no estamos más cerca de perder la esencia que nos caracteriza como venezolanos. De pensar, innovar. De crear.

Dámarys C.

[1] Vargas Llosa, Mario. La civilización del espectáculo. Alfaguara, 2012, p. 120.

[2] Schutz, Xochil, (2013, 14 de Octubre). Visiones desde el primer mundo. El Nacional:  http://www.el-nacional.com/opinion/poeta-Caracas-visiones-primer-mundo_0_280172261.html

[3] Ver Schutz, Xochil. Visiones desde el primer mundo.

[4] Borja, Santiago. El Realismo Socialista; la pintura al servicio de la política. Thaumazein N°2, 2011, pp. 26-31.

[5] Arte y Política (CSX-565). Caracas, Universidad Simón Bolívar. 2015.

[6] Borja, Op.Cit., p. 28.

[7] AVN (2013, 10 de Enero). Dudamel ofrece concierto en apoyo a Chávez. El Nacional: http://www.el-nacional.com/escenas/Dudamel-ofrece-concierto-apoyo-Chavez_0_115790954.html.

[8] Estatutos de la Unión de Escritores Soviéticos, 1932. Citado por Borja, Op.Cit., p.26.

[9] Borja, Op.Cit., p.27.

[10] Kauam, Hany. “Corazón del Pueblo”. En todas partes. 2009

[11] Borja, Op.Cit., p.27.

[12] Schutz, Op.Cit.

[13] Borja, Op.Cit., p.29.

[14] Borja, Op.Cit., p.28.

[15] Schutz, Op.Cit.

[16] Ibid.

[17] Ibid.

Ellos

Viendo el circo de la Asamblea Nacional ayer, recordé lo mal que estamos. No me malinterpreten, yo también estoy feliz por los 112; yo también tengo fé y esperanza. Pero lo que vi ayer, los insultos, la falta de respeto, la grosería y el poco interés me hizo ver lo lejos que estamos del cambio. Tal vez me equivoque, pero ayer no se habló del país. no culpo a Borges o a Allup, ya sé que era necesario marcar la pauta desde el principio, pero aún así. Creo que todos les guardamos un poco más de rencor a los-que-no-deben-ser-nombrados, todos pudimos ver su desinterés por la patria, su rechazo al progreso, su miedo a la luz. Una vez más, los culpé de todo. A través de una pantalla, con un océano de distancia, no podía dejar de pensar en su culpa. No quiero sonar exagerada, pero los odié. Porque ellos han tenido mi futuro en sus manos durante 15 años. Son responsables no sólo de la inflación y de la escasez sino de la profunda crisis social que atraviesa nuestro país. Son responsables de la ignorancia, del odio, del resentimiento, del miedo y de la envidia.

El problema de nuestra generación -un problema del que no somos propietarios-  es que lo tuvimos todo y luego no tuvimos nada; y que nos quitaron todo sin explicaciones, sin causas nobles -como las que supuestamente justifican una guerra- Nos dijeron: “tener dinero es malo; tener educación es malo; pensar es malo; la cultura y el arte son malos. Es malo tener más que los demás, así sea fruto del trabajo honesto”. Nos dijeron: “La Cuarta tuvo la culpa y por eso ustedes no tendrán nada”. Ellos profetizaron: “No importa que estudien y que luchen y que lloren, su destino será que sus mismos hermanos se alcen contra ustedes y les quiten todo; y habrán muertes y nadie responderá por ellas. No podrán salir a la calle en su propia tierra y tampoco podrán escapar a otra. Deberán hacer colas y perderán su dignidad en ellas. Lucharán por el café y por el jabón. Cometerán fraudes y chantajes por el azúcar y la harina. Su dinero no valdrá nada. Los peródicos desaparecerán, los hospitales se derrumbarán y las escuelas perderán su propósito; y aquellos que puedan, tratarán de huir. Se avergonzarán de su país”. Nos condenaron cruelmente cuando nuestra generación todavía no podía hacer nada para detenerlo. Nuestros abuelos tuvieron el privilegio de sufrir con valentía ante una dictadura que los enfrentaba sin tapaderas, podían rebelarse porque sabían de donde venían los golpes. Sabían cómo luchar. Pero nosotros, ¿qué podemos hacer ante una plaga que se disfraza de bienhechor? ¿Cómo nos defendemos sin formación, porque ellos violentan los colegios y las universidades; sin recursos, porque todo está fuera de nuestro alcance, y sin herramientas políticas, porque nunca hemos conocido otra cosa que esto que nos rodea? Vivimos en tiempos de guerra, sufrimos por capricho de ellosun grupo de personas que sólo quiere beneficiarse e implantar un sistema que no entienden y que no les importa. Una ideología se puede debatir; una mentira no.

Incluso si antes la vida era peor, ¿por qué a nosotros no nos permitieron cometer nuestros propios errores? Esta tortura es impuesta e inmerecida. No nos la ganamos y no nos corresponde padecerla. En una entrevista a José Agustín Catalán, el editor de la democracia, le preguntan: ¿Merece el pueblo este gobierno? y él responde: “Las nuevas generaciones no son culpables”. No, no tenemos la culpa, no votamos por esto, nunca lo quisimos; pero aquí estamos.

No somos egoístas, sí pensamos en los desvalidos; el problema es que los que antes sufrían, ahora también sufren y de peor manera porque están amordazados. Hay igualdad: nadie está seguro, todos tienen miedo.Todos tienen lo mismo: no comida, no educación, no salud, no entretenimiento, no dinero, no trabajo, no oportunidades.

¿Que nuestra generación no ha sufrido? No podemos luchar por nuestros sueños, porque si estudias 5 años en una universidad no habrán empleos para recompensarte. A nosotros no nos funciona la vieja receta de estudiar, trabajar, comprar un apartamento pequeño, un carrito e ir escalando, trabajar por lo que quieres; porque aquí no hay apartamentos ni carritos ni trabajos. No tenemos comida, no tenemos ropa, no tenemos lujos. Sí, sé que podría parecer que me quejo sólo porque no tengo comodidades pero, ¿qué tiene de malo estar de luto por todo lo que me han quitado, cuando sé que me lo merezco? Mis padres no tenían nada y trabajaron muy duro para darme lo mejor dentro de sus capacidades y todo para que ellos decidan que está mal que a mi me guste comer nutella, o querer un carro, o usar ropa de marca y que es tan malo que mejor lo sacan de la escena. El problema es que no solamente nos han quitado las posibilidades sino que muchos han perdido también la esperanza. En este país disfuncional nada tiene sentido ¿cómo encajamos aquí? Tal vez los lujos no sean indispensables para vivir pero son un símbolo de nuestra libertad, de nuestro trabajo; representan un mundo al cual queremos ingresar y al que, por ahora, nuestra generación no tiene acceso. Eso es lo cruel.

A ellos les digo: ¿son conscientes del daño que nos hacen? ¿no les duele su país? Podrían estar condenando a toda una generación ¿Les importa? ¿pueden dormir en la noche? Les pregunto, ¿saben cuánto le va a costar al pueblo venezolano recuperarse de esto? Díganme, ¿a que país primer mundista piensan escapar cuando acabe esta Época Oscura?. Sólo quiero entender. ¿Creen que esto es lo correcto? ¿Permiten que sus hijos y sus nietos salgan solos a la calle? ¿Salen ustedes sin guardaespaldas? Disculpen mi insistencia, pero tengo que preguntar, ¿cómo le van a explicar a sus hijos pequeños que trataron de asesinar a Venezuela? ¿Les van a decir, acaso, que tienen la sangre de millones de venezolanos en sus manos, que sabían lo que estaba pasando en el país y que no quisieron hacer nada al respecto? A veces quisiera preguntarle a sus familiares si saben lo que hacen, si lo aprueban, si no les da verguenza, si les dicen que aprovechen mientras puedan, si los ayudan.

Los culpo a ellos de todo. Que lo venezolanos somos flojos, que somos pícaros, que somos aprovechadores, que somos cómodos, que somos tercermundistas, que no hay cultura, que tiramos basura en las calles, que no cuidamos nuestros espacios, que no leemos, que no buscamos, que no insistimos. Que no luchamos. Con todo y eso: los culpo a ellos.

Porque vale la pena tenerlo cerca

Hay algunos extractos literarios que vale la pena tener cerca para leerlos de vez en cuando, para que nos aparezcan de repente cuando menos lo esperamos pero más lo necesitamos. Ya que saqué de mi estantería Falke, para escribir la entrada recién publicada, aprovecho para compartir unos de mis fragmentos favoritos:

En una de nuestras conversaciones usted me preguntó por qué acepté el puesto en el hospital psiquiátrico de mujeres de San Baudilio de Llobregat. Le aseguro que las ventajas no fueron económicas. La verdadera razón es que se trataba de un magnífico sanatorio, que surgió de una estructura completamente anticuada, propiedad de una congregación religiosa que, como usted bien sabe, creen ser las “amas de las almas”. Yo quería no sólo ver, sino ser parte activa en la lucha que emprendía un psiquiatra moderno para transformar algo prehistórico en una institución racional. Cuando el Dr. Mira llegó a dirigirlo, era un manicomio que estaba saliendo de la inquisición: exorcismos, brujas y cadenas incluidas. Participar en esa aventura ha sido fascinantes y hoy puedo decirle, sin andar por las ramas, en qué consiste esa fascinación: ¿no cree usted que Venezuela es también un prodigioso manicomio?.

Ciertamente no llegué a Llobregat buscando un laboratorio para estudiar a nuestro país, lo que sí puedo asegurarle es que poco después de estar en aquella república de mujeres exaltadas comencé a darme cuenta de ciertas similitudes. Particularmente de un síndrome que es endémico en nuestro manicomio [Venezuela]: la histeria.

Estudiando lo escrito sobre esta enfermedad -que solemos achacarle, injustamente, solo a lo femenino-, he encontrado que la histeria viene a ser la antítesis de la historia, por consistir en una condición que bloquea la posibilidad de entender el sentido y las lecciones de nuestros fracasos y limitaciones. Dice un investigador que la histeria es como una plataforma donde rebota todo lo que acontece, impidiendo que lo vivido pueda transformarse en experiencia. Esto hace que nos quedemos continuamente en la superficie, sin llegar jamás a profundizar, sin llegar a tener una visión interior, sin unir nuestro pasado a la historia del hombre sobre la Tierra. Tenemos pues que Venezuela es un país histérico sometido a una repetición infernal. Nuestra mayor pobreza es carecer de una verdadera historia de nuestro empobrecimiento.  Y perdóneme el enredo.

¿Qué hacer entonces? No se imagina cuánto sufro con esta pregunta. Creo que he desarrollado una paranoia contra la política, por reconocer en ella nuestra faceta más histérica.

He visto a mis compañeros totalmente acaparados por la política, hasta el punto de olvidar que se encontraban en Europa y que debían aprovechar su permanencia para tratar de prepararse técnicamente en cualquier cosa. Los oigo hablar de lo que hace falta, de lo que hay que hacer, de lo que hay que llevar a Venezuela, pero ninguno trata de adquirir el mínimo conocimiento para intentar suplir las deficiencias que reconoce. Observo cómo las nulidades, los incapaces de adquirir por un trabajo serio y prolongado la más simple herramienta de trabajo, se convierten de la noche a la mañana en personajes importantes que lo saben todo, que tienen soluciones para todo, que todo lo pronostican, la mayor parte de mis compatriotas carece de la preparación intelectual para hacer el más insignificante trabajo de asimilación, de digestión, de adalptación.

F. Vegas. 2005. FALKE. Editorial Alfa. Pg.465.

Sé que no es exactamente un pequeño fragmento. De hecho, me da un poco de miedo el hecho de estar cayendo en el plagio o en la reproducción ilícita del libro. Pero es tan preciso de principio a fin que no me decidía a recortar ninguna línea o ninguna palabra.

No se imaginan la impresión que sufrí al leer esto; era como leer mis pensamientos, y no digo que yo pudiera expresarlos de manera tan exacta y tan hermosa, ni usando la metáfora de la histeria, pero es exactamente eso lo que siempre pienso. Fue todo un descubrimiento ver en papel estas palabras que tantas veces pasaron sin forma, como humo, por mi mente. Y sé que no soy la única. Muchos de mis compañeros piensan igual y a ellos y a todos les recomiendo este maravilloso libro porque todas las páginas están llenas de historia y de pensamientos valiosos, sean de Rafael o de Federico.

Cómo quisiera que la gente leyera esto y lo internalizara porque sé que no ofrece soluciones pero el principio de todo está en el reconocimiento y lo primero que debemos hacer es reconocer la raíz de nuestro problema y lo ridículo de nuestra situación.

Dámarys C. 

Agresiones a la Universidad Venezolana.

He pasado bastante tiempo sin escribir, y no precisamente por falta de ideas; a pesar de que yo me excusaba pensando que ésa era la razón. Es curioso como siempre tengo mil cosas en la cabeza, pero sólo cuando abro el blog y toco el teclado me doy cuenta de que puedo materializarlas. Tenía meses sin dejar de pensar en un libro que leí; meses quejándome del asalto a la autonomía universitaria y meses pensando en la contradicción de querer luchar por todo pero deseando irme de aquí para no vivir lo que viene. Meses y meses, y sólo ahora me doy cuenta de que cada idea viene unida a las otras. Lo lamentable es que esta será una entrada muy larga si no consigo la manera de exponer las cosas ordenadamente.

Primero lo primero. El libro: Falke, de Federico Vegas. Es un libro mitad histórico mitad novela. No puedo etiquetarlo de novela histórica porque los capítulos están divididos de forma que es posible decir qué fue agregada por Federico y qué viene de la pluma de Rafael. Se trata de una recopilación de cartas y manuscritos de un muchacho de la generación del 28, que se exilió en París y que regresó a Venezuela en un barco llamado Falke, para luchar contra Juan Vicente Gómez. Así, el libro cuenta, algunas veces de primera mano y otras veces desde la interpretación del autor, la travesía de unos estudiantes universitarios en París que deciden dejarlo todo para luchar por su país en una expedición que estaba condenada desde su concepción. El libro es muy bueno pero lo que lo hizo tan especial para mí fue que llegó a mis manos no por una recomendación o por una crítica, ni siquiera había escuchado nunca de su autor; llegó a mi como por magnetismo: entré a la librería y fui directamente a él, sin ninguna razón -la portada no es tan atrayente- y aún sin haber terminado de leer la contraportada, decidí que me lo llevaría y que lo colearía en la lista de libros por leer; sabía que lo leería y que no podría dejar de pensar él. Todo esto lo supe en el tiempo en que leía su resumen -y eso que el resumen no es ni la mitad de claro que como yo lo estoy expliqué acá-. Sabía que sería un libro especial. Pues bien, no creo que haya sido casualidad que llegara a mí justo cuando el año pasado los estudiantes tuvimos la intención de revelarnos ante un régimen dictatorial mucho más dañino que el de Gómez. El libro llegó a mis manos cuando en mi cabeza siempre está presente el pensamiento de que somos impotentes, más débiles aún por el hecho de no hacer nada. Leía y leía, y todos los pensamientos -reales- de Rafael Vegas, tenían un reflejo en los míos.

Recuerdo el libro hoy, cuando me entero de que ayer, 7 de Julio, el Tribunal Supremo de Justicia emitió una sentencia ordenando a las universidades públicas aceptar al 100% de sus alumnos a través del sistema de asignación de cupos del Estado, Opsu, que además fue modificado, haciendo que el sistema de ingreso dependa en 50% del índice académico. 30% de la situación socioeconómica, 15% de la zona del país donde vives y 5% la “participación en actividades extracátedra en la comunidad”. Me indigna enormemente el sólo hecho de recordar esta violación a la autonomía universitaria, a la autonomía de un país. Es un insulto contra todos aquellos que se matan estudiando, contra todos aquellos que tal vez no estudien tanto pero que son brillantes, contra todas aquellas personas en Margarita, Barquisimeto, Puerto la Cruz, Maracaibo, que quieren estudiar en la UCV o en la USB en Caracas; es una imposición cruel, clasista, excluyente. Es humillante que desprecien nuestro intelecto al justificar su delito diciendo que este sistema de ingreso es incluyente pues la única forma justa de entrar una Universidad es por tu capacidad académica y no por considerar cuánto tienes en el banco o en dónde vives. Esto quiere decir que si yo tengo un promedio de 20 puntos pero vivo en Las Delicias, en Maracay, mis padres son profesionales, tenemos casa y carro propios, estudié en un colegio privado y nunca he ido a pintar las paredes en un barrio, tengo solamente 50% de probabilidades de estudiar en la Universidad Simón Bolívar, cuna de mentes brillantes, Casa de Estudio cuyo sistema de ingreso actual es perfectamente legítimo y funcional ¿es eso justo? ¿es eso incluyente? No. Dicen que es para evitar la corrupción y venta de cupos en las universidades públicas pero en la Universidad Simón Bolívar nunca se ha vendido un cupo, ni siquiera es posible comer dos veces en el comedor porque todos los sistemas son computarizados. En una universidad donde el mayor mérito no es ni siquiera el promedio de bachillerato sino haber entrado por prueba interna. Ellos dicen que evitan la corrupción pero lo cierto es que están pagándole a sus votantes con cupos en la universidad; ellos están regalando cupos, ellos son los corruptos. Ellos son los que quieren politizar la esfera académica, tener militantes dentro de un ámbito que es, y siempre será, opositor. Quieren destruir una comunidad educada que cuestiona, investiga, critica.

Quisiera tener la valentía de Rafael Vegas y sus compañeros, a pesar de que fracasaron muchas veces. Quisiera tener su fuerza y su disposición. ¿Cómo, nosotros, estudiantes universitarios, personas educadas e inteligentes, con valores y principios, cómo podemos permitir que esto pase? Y al mismo tiempo ¿qué podemos hacer?

Al principio hablaba de una contradicción. Hablo de valentía y de indignación pero este año, Dios mediante, cursaré en Cracovia el último año de mi carrera. Sí, aprovecho la primera oportunidad para salir de aquí y mi único miedo es que la destrucción de las universidades venezolanas ocurra tan rápido que al llegar de Polonia, la USB no exista y no pueda graduarme. Lo digo con dolor pero también con vergüenza, porque es verdad. No sé si pueda hacer algo al respecto, pero la realidad es que no estaré aquí para intentarlo, y no me arrepiento.

Temo por mi país, porque la Universidad venezolana es la única bola de cristal que augura un futuro mejor. Es aquí donde podríamos conseguir esperanza y también nos la quitan. Temo por el futuro de los niños venezolanos. Pero repito ¿qué podemos hacer? Me pregunto a mi misma: ¿qué puedo hacer?.

Siento mucho que esta entrada haya revelado mi cobardía y mi desesperación; parece más digna del cuadernito que de este blog, pero como siempre digo: aquí escribo lo que los demás puedan entender y estoy segura de que todos los estudiantes venezolanos sienten algo similar.

Una última acotación: el barco de Rafael Vegas y sus compañeros zarpó de Cracovia. Quién sabe, tal vez me consiga mi propio Falke.

Cada día me convenzo más de la ineficiencia del civismo en Venezuela. Sin diez mil bayonetas atrás no hay ideología que salga adelante. El camino que nos queda es el de la acción. He aquí el abismo: la mayoría de nosotros, por la educación, el género de vida, y hasta por nuestras mismas ideas, está incapacitado para actuar a fondo.

Vegas, F; FALKE. (2005) Editorial Alfa. Pg. 404.

Dámarys C.

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