Hay algunos extractos literarios que vale la pena tener cerca para leerlos de vez en cuando, para que nos aparezcan de repente cuando menos lo esperamos pero más lo necesitamos. Ya que saqué de mi estantería Falke, para escribir la entrada recién publicada, aprovecho para compartir unos de mis fragmentos favoritos:

En una de nuestras conversaciones usted me preguntó por qué acepté el puesto en el hospital psiquiátrico de mujeres de San Baudilio de Llobregat. Le aseguro que las ventajas no fueron económicas. La verdadera razón es que se trataba de un magnífico sanatorio, que surgió de una estructura completamente anticuada, propiedad de una congregación religiosa que, como usted bien sabe, creen ser las “amas de las almas”. Yo quería no sólo ver, sino ser parte activa en la lucha que emprendía un psiquiatra moderno para transformar algo prehistórico en una institución racional. Cuando el Dr. Mira llegó a dirigirlo, era un manicomio que estaba saliendo de la inquisición: exorcismos, brujas y cadenas incluidas. Participar en esa aventura ha sido fascinantes y hoy puedo decirle, sin andar por las ramas, en qué consiste esa fascinación: ¿no cree usted que Venezuela es también un prodigioso manicomio?.

Ciertamente no llegué a Llobregat buscando un laboratorio para estudiar a nuestro país, lo que sí puedo asegurarle es que poco después de estar en aquella república de mujeres exaltadas comencé a darme cuenta de ciertas similitudes. Particularmente de un síndrome que es endémico en nuestro manicomio [Venezuela]: la histeria.

Estudiando lo escrito sobre esta enfermedad -que solemos achacarle, injustamente, solo a lo femenino-, he encontrado que la histeria viene a ser la antítesis de la historia, por consistir en una condición que bloquea la posibilidad de entender el sentido y las lecciones de nuestros fracasos y limitaciones. Dice un investigador que la histeria es como una plataforma donde rebota todo lo que acontece, impidiendo que lo vivido pueda transformarse en experiencia. Esto hace que nos quedemos continuamente en la superficie, sin llegar jamás a profundizar, sin llegar a tener una visión interior, sin unir nuestro pasado a la historia del hombre sobre la Tierra. Tenemos pues que Venezuela es un país histérico sometido a una repetición infernal. Nuestra mayor pobreza es carecer de una verdadera historia de nuestro empobrecimiento.  Y perdóneme el enredo.

¿Qué hacer entonces? No se imagina cuánto sufro con esta pregunta. Creo que he desarrollado una paranoia contra la política, por reconocer en ella nuestra faceta más histérica.

He visto a mis compañeros totalmente acaparados por la política, hasta el punto de olvidar que se encontraban en Europa y que debían aprovechar su permanencia para tratar de prepararse técnicamente en cualquier cosa. Los oigo hablar de lo que hace falta, de lo que hay que hacer, de lo que hay que llevar a Venezuela, pero ninguno trata de adquirir el mínimo conocimiento para intentar suplir las deficiencias que reconoce. Observo cómo las nulidades, los incapaces de adquirir por un trabajo serio y prolongado la más simple herramienta de trabajo, se convierten de la noche a la mañana en personajes importantes que lo saben todo, que tienen soluciones para todo, que todo lo pronostican, la mayor parte de mis compatriotas carece de la preparación intelectual para hacer el más insignificante trabajo de asimilación, de digestión, de adalptación.

F. Vegas. 2005. FALKE. Editorial Alfa. Pg.465.

Sé que no es exactamente un pequeño fragmento. De hecho, me da un poco de miedo el hecho de estar cayendo en el plagio o en la reproducción ilícita del libro. Pero es tan preciso de principio a fin que no me decidía a recortar ninguna línea o ninguna palabra.

No se imaginan la impresión que sufrí al leer esto; era como leer mis pensamientos, y no digo que yo pudiera expresarlos de manera tan exacta y tan hermosa, ni usando la metáfora de la histeria, pero es exactamente eso lo que siempre pienso. Fue todo un descubrimiento ver en papel estas palabras que tantas veces pasaron sin forma, como humo, por mi mente. Y sé que no soy la única. Muchos de mis compañeros piensan igual y a ellos y a todos les recomiendo este maravilloso libro porque todas las páginas están llenas de historia y de pensamientos valiosos, sean de Rafael o de Federico.

Cómo quisiera que la gente leyera esto y lo internalizara porque sé que no ofrece soluciones pero el principio de todo está en el reconocimiento y lo primero que debemos hacer es reconocer la raíz de nuestro problema y lo ridículo de nuestra situación.

Dámarys C. 

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