Viendo el circo de la Asamblea Nacional ayer, recordé lo mal que estamos. No me malinterpreten, yo también estoy feliz por los 112; yo también tengo fé y esperanza. Pero lo que vi ayer, los insultos, la falta de respeto, la grosería y el poco interés me hizo ver lo lejos que estamos del cambio. Tal vez me equivoque, pero ayer no se habló del país. no culpo a Borges o a Allup, ya sé que era necesario marcar la pauta desde el principio, pero aún así. Creo que todos les guardamos un poco más de rencor a los-que-no-deben-ser-nombrados, todos pudimos ver su desinterés por la patria, su rechazo al progreso, su miedo a la luz. Una vez más, los culpé de todo. A través de una pantalla, con un océano de distancia, no podía dejar de pensar en su culpa. No quiero sonar exagerada, pero los odié. Porque ellos han tenido mi futuro en sus manos durante 15 años. Son responsables no sólo de la inflación y de la escasez sino de la profunda crisis social que atraviesa nuestro país. Son responsables de la ignorancia, del odio, del resentimiento, del miedo y de la envidia.

El problema de nuestra generación -un problema del que no somos propietarios-  es que lo tuvimos todo y luego no tuvimos nada; y que nos quitaron todo sin explicaciones, sin causas nobles -como las que supuestamente justifican una guerra- Nos dijeron: “tener dinero es malo; tener educación es malo; pensar es malo; la cultura y el arte son malos. Es malo tener más que los demás, así sea fruto del trabajo honesto”. Nos dijeron: “La Cuarta tuvo la culpa y por eso ustedes no tendrán nada”. Ellos profetizaron: “No importa que estudien y que luchen y que lloren, su destino será que sus mismos hermanos se alcen contra ustedes y les quiten todo; y habrán muertes y nadie responderá por ellas. No podrán salir a la calle en su propia tierra y tampoco podrán escapar a otra. Deberán hacer colas y perderán su dignidad en ellas. Lucharán por el café y por el jabón. Cometerán fraudes y chantajes por el azúcar y la harina. Su dinero no valdrá nada. Los peródicos desaparecerán, los hospitales se derrumbarán y las escuelas perderán su propósito; y aquellos que puedan, tratarán de huir. Se avergonzarán de su país”. Nos condenaron cruelmente cuando nuestra generación todavía no podía hacer nada para detenerlo. Nuestros abuelos tuvieron el privilegio de sufrir con valentía ante una dictadura que los enfrentaba sin tapaderas, podían rebelarse porque sabían de donde venían los golpes. Sabían cómo luchar. Pero nosotros, ¿qué podemos hacer ante una plaga que se disfraza de bienhechor? ¿Cómo nos defendemos sin formación, porque ellos violentan los colegios y las universidades; sin recursos, porque todo está fuera de nuestro alcance, y sin herramientas políticas, porque nunca hemos conocido otra cosa que esto que nos rodea? Vivimos en tiempos de guerra, sufrimos por capricho de ellosun grupo de personas que sólo quiere beneficiarse e implantar un sistema que no entienden y que no les importa. Una ideología se puede debatir; una mentira no.

Incluso si antes la vida era peor, ¿por qué a nosotros no nos permitieron cometer nuestros propios errores? Esta tortura es impuesta e inmerecida. No nos la ganamos y no nos corresponde padecerla. En una entrevista a José Agustín Catalán, el editor de la democracia, le preguntan: ¿Merece el pueblo este gobierno? y él responde: “Las nuevas generaciones no son culpables”. No, no tenemos la culpa, no votamos por esto, nunca lo quisimos; pero aquí estamos.

No somos egoístas, sí pensamos en los desvalidos; el problema es que los que antes sufrían, ahora también sufren y de peor manera porque están amordazados. Hay igualdad: nadie está seguro, todos tienen miedo.Todos tienen lo mismo: no comida, no educación, no salud, no entretenimiento, no dinero, no trabajo, no oportunidades.

¿Que nuestra generación no ha sufrido? No podemos luchar por nuestros sueños, porque si estudias 5 años en una universidad no habrán empleos para recompensarte. A nosotros no nos funciona la vieja receta de estudiar, trabajar, comprar un apartamento pequeño, un carrito e ir escalando, trabajar por lo que quieres; porque aquí no hay apartamentos ni carritos ni trabajos. No tenemos comida, no tenemos ropa, no tenemos lujos. Sí, sé que podría parecer que me quejo sólo porque no tengo comodidades pero, ¿qué tiene de malo estar de luto por todo lo que me han quitado, cuando sé que me lo merezco? Mis padres no tenían nada y trabajaron muy duro para darme lo mejor dentro de sus capacidades y todo para que ellos decidan que está mal que a mi me guste comer nutella, o querer un carro, o usar ropa de marca y que es tan malo que mejor lo sacan de la escena. El problema es que no solamente nos han quitado las posibilidades sino que muchos han perdido también la esperanza. En este país disfuncional nada tiene sentido ¿cómo encajamos aquí? Tal vez los lujos no sean indispensables para vivir pero son un símbolo de nuestra libertad, de nuestro trabajo; representan un mundo al cual queremos ingresar y al que, por ahora, nuestra generación no tiene acceso. Eso es lo cruel.

A ellos les digo: ¿son conscientes del daño que nos hacen? ¿no les duele su país? Podrían estar condenando a toda una generación ¿Les importa? ¿pueden dormir en la noche? Les pregunto, ¿saben cuánto le va a costar al pueblo venezolano recuperarse de esto? Díganme, ¿a que país primer mundista piensan escapar cuando acabe esta Época Oscura?. Sólo quiero entender. ¿Creen que esto es lo correcto? ¿Permiten que sus hijos y sus nietos salgan solos a la calle? ¿Salen ustedes sin guardaespaldas? Disculpen mi insistencia, pero tengo que preguntar, ¿cómo le van a explicar a sus hijos pequeños que trataron de asesinar a Venezuela? ¿Les van a decir, acaso, que tienen la sangre de millones de venezolanos en sus manos, que sabían lo que estaba pasando en el país y que no quisieron hacer nada al respecto? A veces quisiera preguntarle a sus familiares si saben lo que hacen, si lo aprueban, si no les da verguenza, si les dicen que aprovechen mientras puedan, si los ayudan.

Los culpo a ellos de todo. Que lo venezolanos somos flojos, que somos pícaros, que somos aprovechadores, que somos cómodos, que somos tercermundistas, que no hay cultura, que tiramos basura en las calles, que no cuidamos nuestros espacios, que no leemos, que no buscamos, que no insistimos. Que no luchamos. Con todo y eso: los culpo a ellos.

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