Ya he colgado algunos de mis trabajos de la universidad aquí. No sé si dije por qué lo hago. No es para que todos elogien o critiquen mis ensayos. Es sólo porque estudio ingeniería y es muy poco probable -por no decir imposible- que mis ensayos vayan a trascender de alguna manera y por alguna razón me molesta pensar que trabajos en los que puse una gran cantidad de pensamientos y de investigación se vaya a perder. Puede que aquí nadie los vea de todas formas, pero me gusta tener agrupados todos estos documentos, que estén en algún lado además de en mi disco duro. Incluso he pensado en colgar mis informes técnicos; quién sabe si podrían servirle a alguien.

Ahora dejo un trabajo que, lo advierto, es bastante largo. Es largo porque es un trabajo final y valía 30 puntos. De esta misma materia tengo muchos escritos cortos que montaré en algún momento.

De la URSS al Socialismo del Siglo XXI: El arte como herramienta política.

Hace algún tiempo llegó a mis manos un libro de Vargas Llosa titulado La Civilización del Espectáculo, ensayo que hace una fuerte crítica a la “cultura” moderna, en la que cualquier libro es considerado literatura y todos los cuadros son arte. En su texto, Vargas Llosa analiza las diferentes causas que han colaborado en esta banalización de la cultura; por eso, no me sorprendí cuando, entre los últimos capítulos, encontré una mención al gobierno venezolano, en que lo tomaban como ejemplo de cómo la política puede destruir la cultura de un país[1]. Algunos días luego de terminar el libro, me encontré con un artículo de opinión en el diario El Nacional que hacía referencia a la reseña de una poeta alemana que visitó el país unos días por el décimo Festival Mundial de Poesía en Caracas; la escritora se dedicaba a contar su experiencia en la ciudad y criticaba numerosos factores que ya son cosa usual para los venezolanos[2]. Entre las cosas que más molestan a la alemana se encuentra el empeño del gobierno de “intentar vender propaganda como arte y así degradar el arte al nivel de propaganda”[3]. Finalmente, el texto de Borja[4] discutido en clases[5] terminó por afianzar la certeza de que debía escribir sobre este tema. Escribir objetivamente –intentar que sea objetivo- acerca de la propaganda mediática que el gobierno venezolano hace a través del arte desde hace algunos años. Es difícil escribir sobre política sin que las opiniones personales coloreen el texto, por esto usaré los textos mencionados anteriormente para matizar impresiones e intentar hacer una aproximación al asunto a través de comparaciones con el desarrollo artístico en la Rusia Soviética.

Me parece apropiado comenzar el análisis con una frase que estuvo en los inicios del proceso revolucionario venezolano: “Patria, Socialismo o Muerte”. La sentencia no carece de cierto ritmo, pensada para que resuene en nuestros oídos de manera profética, casi poética. Es precisamente esta característica la que acompaña a todos los actos del gobierno de Hugo Chávez de ahí en adelante (e incluso ahora) y que, como todo en política, tiene un sentido que va más allá de las palabras. Desde un principio, la Revolución fue pensada para romper con todo lo que no significara un avance al Socialismo del Siglo XXI y un primer paso consistía en inculcar en el pueblo un compromiso férreo con el proyecto, no había espacio para las dualidades: O estás conmigo o estás contra mí. Para lograr moldear esta clase de compromiso es necesario contar con la materia prima más poderosa: los sentimientos. Las pasiones. El amor –y el odio- de la gente era lo que necesitaba Chávez para comenzar a caminar hacia un control total de lo que pasaba en el país. Y en función de eso empezó a trabajar.

Comenzó con Simón Bolívar. Citándolo y ensalzado sus obras. Erigiendo monumentos y colocando pinturas en los Ministerios y espacios oficiales. Parecería un inocente e incluso adecuado tributo al Libertador, pero más que reconocimiento Chávez pretendía que Bolívar conquistara nuestros corazones. Es ésta una de las características que menciona Borja[6] en su texto cuando nos habla de Lenin erigiendo por toda Rusia monumentos a los héroes revolucionarios.

En su gobierno, Chávez buscó rodearse de personas que no sólo apoyaran la Revolución sino que demostraran un abierto afecto hacia él. El actor Sean Penn no dudó en llevarse un gran afiche del entonces presidente en una de sus visitas al país y de defender calurosamente tanto las bondades del Régimen como las virtudes de Chávez.

Por otro lado, el gobierno se valió de patrocinios para canjearse el apoyo de muchos artistas. Este es el caso de Gustavo Dudamel, el mejor director de orquestas venezolano actualmente. Una mente que ha brillado en el exterior es vital para la imagen del Régimen: es venezolano y es chavista. Tanto así, que en Enero de 2013, el director ofreció un concierto por la salud del presidente Chávez[7]. Como nos limitaremos al arte, no hará falta mencionar casos similares entre deportistas internacionalmente famosos; sin embargo, sí viene al caso los cantantes que abiertamente apoyaron el régimen como Hany Kauam, Omar Enrique, Roque Valero, el Potro Álvarez o Florentino Primera, por dar algunos ejemplos de la actualidad. Tal vez éstos no sean grandes y reconocidos exponentes musicales, pero son personas que desarrollan sus actividades en el terreno “despolitizado” de la música. Es decir, su apoyo es importante para este texto no basados en su nivel artístico sino debido a la esfera de donde proviene y a la esfera a la que se dirigen. Muchos de ellos han ocupado –incluso ahora- algún cargo en el gobierno.

Con los ejemplos dados hasta ahora es suficiente para hacer una pausa y comparar lo expuesto con el Realismo Socialista de la URSS. Tal vez la comparación no resulte evidente debido a que en los párrafos anteriores no hemos nombrado a ningún pintor y precisamente este inciso será útil para recordar que la comparación que aquí se hará no busca matizar el nivel de arte de cada país sino analizar el arte como herramienta política que se observa en ambos casos.

Borja cita en su texto acerca del arte en la Unión Soviética:

El realismo socialista, por ser el método de base a la literatura y de la crítica soviética, exige del artista una representación verídica, históricamente concreta de la realidad en su desarrollo revolucionario. Además, el carácter verdadero e históricamente concreto de dicha representación artística de la realidad debe combinarse con el deber de transformación ideológica y de educación de las masas dentro del espíritu del socialismo.[8]

Aquí encontramos una semejanza: La Revolución Venezolana busca, como la URSS, educar y conquistar. De hecho, los eventos culturales realizados por el gobierno están cada vez más politizados. Han dejado de ser espacios de creación y se han convertido en oportunidades de agradecer al Comandante y de reafirmar su legado. Pero sobre esto volveremos más adelante. En Venezuela, no todas las obras producidas y publicadas por los artistas tienen que cumplir con el adiestramiento revolucionario pero al menos la gran mayoría de las obras producidas por el gobierno lo hacen.

A partir de aquí nos resultará difícil establecer semejanzas con el sistema soviético. Tal vez la diferencia radica en que la URSS logró un cambio en el arte porque lo utilizaba para expresar una ideología profunda, que todos debían entender y abrazar. Chávez quería lo mismo, pero más que instruir acerca del Socialismo, él quería que amáramos la Revolución; no quería hacernos pensar, quería hacernos sentir. Esto se observa claramente en el hecho de que la Unión Soviética logró crear toda una corriente artística en la que las obras tenían tanto valor por sí mismas, que a pesar de ser herramientas políticas, no deslucían en sus cualidades. Borja nos dice:

Se suele considerar al arte Soviético una mera propaganda del régimen antes que arte como tal. Pero lo cierto es que la propaganda está dirigida a las masas y aunque la temática de una obra pueda resultar propagandística el valor estético no desaparece por completo.[9]

En Venezuela, ningún artista ha reflejado el valor de la Revolución a través de creaciones artísticas. Para lograr algo así, tendría que haber surgido en estos últimos años un artista como Alí Primera, cantautor de talento indiscutible y con abras abiertamente revolucionarias, pero éste es de una generación anterior, y no comparte espacio en estos párrafos con personajes como el Potro Álvarez o los Cadillacs. Por otro lado, entre los artistas que apoyan al régimen venezolano el más rescatable es Dudamel y éste, además de conciertos con propósitos partidistas, no ha cambiado la temática de sus interpretaciones ni se ha vuelto exponente de un tipo de música que pueda asociarse a alguna ideología específica; tanto en el exterior como en Venezuela, Dudamel sigue interpretando a los clásicos. Más aún, en el concierto dedicado a Chávez que mencionábamos anteriormente, Dudamel interpretó la Novena Sinfonía de Beethoven, una pieza, por cierto, muy poco revolucionaria.

Así, nos encontramos con una premisa importante: Venezuela no ha producido arte revolucionario. Por lo tanto, ¿de qué manera usan el arte como propaganda política?

Cuando hablo de arte, me refiero al significado literal de la palabra, todo lo que es considerado arte: literatura, pintura, música, danza, cine. Sin embargo, y como se ha podido observar, para Chávez y para los que vinieron después de él, el valor artístico era un elemento secundario, lo importante era el alcance de la herramienta. ¿Música? Para ellos era suficiente que Omar Enrique, Los Cadillacs y Hany Kauam compusieran “Corazón del pueblo”[10] como una muestra del talento venezolano. ¿Es esta canción fruto de la Revolución? Sí. ¿Es arte? No. Y como este, se multiplican los ejemplos. Como sucede con Patria, Socialismo o Muerte, la canción llegó a todos los rincones del país y se convirtió en un estribillo corriente en los hogares. No es mi intención expresar con esto que una expresión artística con contenido político deje por esto de ser arte o pierda valor; como se dijo anteriormente, mientras se comuniquen sentimientos e ideas y la composición tenga, de hecho, contenido, el uso que se le dé a la obra no va a menospreciar su valía. Para complementar esta idea, volvamos a la URSS. En su texto, Borja comenta:

Se puede tener la tentación de denominarlo arte oficial [al Realismo Socialista] pero sería una visión simplista ya que, el arte no estaba realizado por políticos sino por artistas que expresaban sus ideas y aunque atados a un método elegían la temática y la mostraban según sus ideas.[11]

En mi opinión, en el caso de Venezuela ocurre lo contrario: podemos llamarlo oficial, pero no podemos llamarlo arte.

Con esto claro, podremos pasar a una segunda cuestión: si la Revolución venezolana no está usando arte -arte verdadero- como propaganda política entonces, ¿qué ha estado ocurriendo con los verdaderos artistas, con los concursos literarios, con las presentaciones musicales? Xochil Schutz nos ayudará a aclararlo contando su experiencia.

La sala de aspecto señorial, amoblada con sofás de cuero, tiene aire acondicionado. En las paredes lucen pinturas, la más grande de todas muestra al presidente Hugo Chávez, fallecido en mazo de 2013[12]

Chávez muere e inmediatamente el retrato de Bolívar es acompañado por uno del ex-presidente. Esto es lo primero que nota la poeta alemana al llegar al aeropuerto Simón Bolívar para el décimo Festival Mundial de Poesía en Caracas.

A partir de aquí, comenzaremos a notar el uso que le da el gobierno de Maduro, aprovechándose de la figura martirizada de Chávez, a las imágenes. Ya no queda duda de que no es arte, es simplemente una reproducción constante y masiva de ojos de Chávez, de la firma de Chávez, del Corazón de la Revolución. Y aquí encontramos la última semejanza con el desarrollo del arte en la URSS: “Los que se quedaron [refiriéndose a los artistas] se dedicaron al diseño industrial para librarse de la represión”[13]

Sin embargo, de nuevo nos encontramos con que, a pesar de que la Revolución Venezolana busca lo mismo, en la práctica se aleja del método ruso. Mientras en la URSS “El Departamento de Bellas Artes, dependiente del Comisariado Popular de Cultura, inspirado por las ideas de Lenin abrió por toda Rusia museos fuertemente subvencionados en los que las obras eran seleccionadas minuciosamente[14], en Venezuela tenemos que conformarnos con la silueta de Chávez en las calles. Recientemente estuve en Barinas y me sorprendió lo mucho que aparecía la cara de Chávez en las paredes; su firma, no sólo en los edificios de Misión Vivienda, sino también en autobuses y tanques de agua. En las calles había más pinturas de los ojos de Chávez que letreros de señalización. A pesar de ser ésta una experiencia personal, es mejor apegarnos al testimonio de Schutz que, al ser alemana, proporcionará una visión mucho menos parcializada de la situación y que, siendo poeta, nos hablará desde el interior de la esfera artística venezolana.

Resulta que hay otra presentación antes de la mía: la de Chávez. En una pantalla gigantesca se le ve y se le oye, gesticulando de forma exageradamente sentimental, mientras recita un poema[15].

Durante su estancia en el país la poeta alemana trata de entender por qué un presidente muerto tiene que decir unas palabras antes de cada presentación. Por qué deben recitarse los logros políticos de un sistema en un festival de poesía. Por qué ella, que es poetisa y es alemana y no entiende de política venezolana ni conoció a Chávez, debe decir por radio las cosas que le agradece al presidente Chávez:

“Por la tarde tengo una entrevista con la televisora cultural más grande del país. Me dicen que debo decir frente a las cámaras lo que significa Chávez para mí. Me rehúso y le explico al empleado de la televisora que la poesía es independiente. Me ven con sorpresa”[16]

La crónica de la alemana responde mejor que cualquier cosa la pregunta planteada hace unos párrafos: El arte en Venezuela no está siendo restringido, pero es tomado y maquillado para que sirva a la Revolución. Los festivales no han dejado de hacerse, pero deben cumplir una serie de parámetros. En su relato, Schutz nos proporciona una imagen de cómo está siendo utilizado el arte “verdadero”.

La Revolución toma todo: lo sencillo y lo profundo, herramientas nuevas y recursos milenarios, imágenes simples y organizaciones complejas, y los pone a su disposición. En Venezuela no se usa el arte como propaganda, pero la propaganda acapara el arte.

En Venezuela no se está utilizando arte para fortalecer la Revolución. Se están utilizando imágenes y referencias populares para promover un sentimiento; para que no olvidemos. La parametrización de lo que debe ser el arte en una sociedad -como se hizo en la URSS- está mal, pero tal vez sea peor, como dijo Schutz “intentar vender propaganda como arte y así degradar el arte al nivel de propaganda”[17]. Si hubiese arte podríamos rescatar algo de todo esto, pero al gobierno sólo le interesa que sus imágenes se reproduzcan rápidamente, que lleguen a todas las casas –a todos los corazones-. Las imágenes de la Revolución, como el Realismo Socialista –salvando la inmensa distancia entre ellos- deben ser sencillas, entendibles, familiares. El gobierno quiere recordarnos por qué la Revolución es buena, pero no debe ser algo con sentido artístico –o con cualquier sentido- porque entonces podríamos comenzar a pensar.

No. El gobierno venezolano no está usando el arte como propaganda; pero hacen algo más. Ellos conocen la influencia de unos ojos que lo ven todo, como el Gran Hermano de Orwell. Reconocen la magia de una firma, que puede tomar posesión de un edificio y de todos los que viven en él, como si firmara un contrato: esta casa por tu voto. Son conscientes del poder de la imagen, de la música, de la palabra. No. En Venezuela no se hace propaganda política con el arte, pero se hace algo más que propaganda y este es un hecho igual de alarmante.

Por esto, a diferencia de la URSS, en Venezuela sigue habiendo buen arte que, siendo ignorado por el gobierno, se mantiene libre. Además, las redes sociales y el internet contribuyen a dificultar la monopolización del arte. A cada momento surgen artistas innovadores que no pueden ser utilizados para dar un mensaje. Artistas virtuales que sólo son conocidos en la red. Tal vez estemos lejos de marcar una corriente, como los artistas de la URSS, pero no estamos más cerca de perder la esencia que nos caracteriza como venezolanos. De pensar, innovar. De crear.

Dámarys C.

[1] Vargas Llosa, Mario. La civilización del espectáculo. Alfaguara, 2012, p. 120.

[2] Schutz, Xochil, (2013, 14 de Octubre). Visiones desde el primer mundo. El Nacional:  http://www.el-nacional.com/opinion/poeta-Caracas-visiones-primer-mundo_0_280172261.html

[3] Ver Schutz, Xochil. Visiones desde el primer mundo.

[4] Borja, Santiago. El Realismo Socialista; la pintura al servicio de la política. Thaumazein N°2, 2011, pp. 26-31.

[5] Arte y Política (CSX-565). Caracas, Universidad Simón Bolívar. 2015.

[6] Borja, Op.Cit., p. 28.

[7] AVN (2013, 10 de Enero). Dudamel ofrece concierto en apoyo a Chávez. El Nacional: http://www.el-nacional.com/escenas/Dudamel-ofrece-concierto-apoyo-Chavez_0_115790954.html.

[8] Estatutos de la Unión de Escritores Soviéticos, 1932. Citado por Borja, Op.Cit., p.26.

[9] Borja, Op.Cit., p.27.

[10] Kauam, Hany. “Corazón del Pueblo”. En todas partes. 2009

[11] Borja, Op.Cit., p.27.

[12] Schutz, Op.Cit.

[13] Borja, Op.Cit., p.29.

[14] Borja, Op.Cit., p.28.

[15] Schutz, Op.Cit.

[16] Ibid.

[17] Ibid.

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