Puede que algunas de las aseveraciones que haré aquí puedan ser consideradas extremas o desproporcionadas. Pero vivimos una realidad extrema y desproporcionada.Ya saben, me refiero a la Situación, así, con S mayúscula, porque entre venezolanos no hace falta explicar que el estado infame del país es la Situación a la que siempre nos referimos.

Recuerdo una clase de la universidad, El Imaginario Monstruoso, en la que la profesora comentaba que lo verdaderamente mostruoso del Holocausto no fue el asesinato injustificado de más de 6 millones de personas, sino que los Nazis convirtieron a esas 6 millones de personas en animales salvajes, los deshumanizaron. Por eso los oficiales, los mismos ciudadanos alemanes e incluso la comunidad internacional tardó tanto en reaccionar: al fin y al cabo, no se estaban matando personas. Y no se dieron cuenta de ello sino hasta el final, cuando despertaron de la pesadilla. Primero les quitaron sus negocios, sus casas, los exiliaron de sus barrios, les quitaron sus pinturas, sus cuadros, sus muebles, su ropa; los encerraron, los marcaron con la estrella de David, comían donde dormían y donde hacían sus necesidades, el único motivo por el que podían seguir vivos era para que trabajaran… Los volvieron animales de carga. Así, cuando los mataban, era como matar al ganado para tener carne para la comida o cueros para vestir.

Este salto de la Venezuela del sigo XXI a la Segunda Guerra Mundial viene del hecho de que -Alerta: primera aseveración desproporcionada- últimamente he sentido que a los venezolanos, al igual que con los judíos, nos están deshumanizando. Mejor dicho: Nos están descivilizando. Sé que debe haber otras palabras para explicar este fenómeno, como que nos están convertiendo en bárbaros, pero un bárbaro es aquel que nunca ha formado parte de la civilización y no es ése nuestro caso. En su momento, fuimos ciudadanos, cuidadanos oprimidos y luego ciudadanos libres, pero siempre ciudadanos. Y poco a poco este gobierno ha ido borrando los importantes conceptos de civilización, de derechos civiles  y, peor aún, de deberes civiles.  Nos han quitado lo que teníamos de ciudadanos: nos han descivilizado. Ahora justifico mi sentencia, y pónganse cómodos porque será un párrafo largo.

Al igual que con los judíos -lo siento, sé que es una comparación chocante- a muchos de los venezolanos les han quitado sus negocios y sus casas. Nos han hecho creer que tener dinero es una cosa del demonio: tener ropa de marca te cataloga como cómplice del Imperio, tener teléfonos caros es una ofensa, que te guste el arte o que quieras educarte es una declaración de intenciones en la cual expresas que tu deseo más íntimo es arruinar Venezuela y hacerle daño a los pobres. Y aquí quiero insertar una teoría. Así como para muchos matar judíos no estaba mal porque apenas eran seres vivientes, para la delincuencia en Venezuela no es algo malo robar ni secuestrar, porque el hecho de que tengas algo que ellos no, te califica inmediatamente como abominación, porque todos debemos tener lo mismo. Para los ladrones robar es algo normal, es una forma fácil de obtener lo que quieres, así como las cámaras de gas fueron la Solución Final para los nazis. Nos han descivilizado no porque la mitad de la población crea que el hurto es una profesión real, sino porque la otra mitad lo considera aceptable. Los venezolanos hemos aceptado las reglas del juego: no sacamos el teléfono en la calle, no llevamos cosas de valor si tenemos que usar el transporte público, hemos llegado al punto en que nuestra meta última no es progresar sino conservar la vida y perdirle salud a Dios, porque sabemos que si enfermamos buscar las medicinas será una tarea abismal, sabemos que si un ser querido enferma y necesita atención médica, obtenerla no será cosa fácil; sabemos que los hospitales no tendrán camillas ni habitaciones, que los quirófanos estarán infectados, que no habrán insumos, que tal vez no encuentres al especialista que necesitas porque los médicos están mal pagados. Nos descivilizaron en el momento en que lo sabemos y lo aceptamos y sólo oramos por una buena salud. Nos descivilizaron en el momento en que los estudiantes dejamos de esperar una educación de punta, en que perdimos la esperanza de buenos servicios, en el que empezamos a gastar dinero y tiempo en cocinar porque sabíamos que el comedor de la universidad no podría aguantar más; en el momento en que dejamos de ir a clases porque el servicio de transporte quebró y no había presupuesto para reemplazarlo. Nos descivilizaron cuando empezamos a pensar en estrategias para paliar la falta de servicios y a buscar planes para aguantar el año que nos queda de universidad en vez de pensar en soluciones reales para la causa de todo esto. Nos descivilizaron en el momento en que elegimos los pañitos calientes sobre los antibióticos. Nos descivilizaron cuando aceptamos la humillación de hacer colas durante días, cuando permitimos que los bebés no tuvieran pañales ni las mujeres toallas sanitarias, cuando no hicimos nada ante la desaparición de los desodorantes y la pasta de dientes. Nos descivilizaron incluso antes, cuando no nos pareció extraño que los productos de “lujo” como la nutella o el aceite de oliva, empezaran a estar fuera del alcance de profesionales trabajadores, cuando sólo levantamos las cejas e hicimos un comentario cualquiera ante los estantes vacíos en los supermercados y cuando simplemente dejamos de comprar cuando los precios aumentaron un 500%. En el momento en que nuestra mayor expectativa -y me incluyo- es irnos del país, buscar un sistema normal. Hemos dejados de ser ciudadanos, porque no esperamos nada del Gobierno, ni de la Asamblea, ni de nuestros concuidadanos. Perdimos el derecho de llamarnos ciudadanos en el momento en que nos damos cuenta de que siempre tenemos miedo de la gente que nos rodea y en el que creemos que los derechos civiles, los derechos humanos más básicos, están más allá del alcance de los venezolanos. Nos descivilizaron y nos han quitado mucho de lo que nos caracterizaba como venezolanos, porque bien podrían decirme que han habido países en peores situaciones, que siembre ha habido una Cuba y una Corea del Norte… sí, pero Venezuela nunca ha sido uno de esos países. Es verdad que hemos sufrido, que hemos tenido dictaduras crueles y momentos tristes pero siempre, siempre, el venezolano luchó en todos los frentes, con pluma y papel, con armas, con canciones, con errores y aciertos, por salir adelante. Hasta Marcos Pérez Jíménez estuvo sólo 8 años en el poder. Venezuela nunca ha vivido en la abundancia, nunca hemos sido un país desarrollado, pero siempre hemos estado orgullosos de nuestra gente, de cómo luchamos, de cómo pensamos… ¿qué ha pasado con nosotros?

Más aún, y esto sí lo perdimos nosotros solos sin ayuda de nadie, dejamos de ser ciudadanos cuando nos olvidamos completamente de nuestros deberes civiles. Porque para disfrutar de todos esos derechos básicos que, a día de hoy, vemos como privilegios de otros países, tenemos que cumplir nuestro de deber de ciudadanos y eso, señores, dejamos de hacerlo hace tiempo. Hace tiempo, incluso antes de estos fatídicos 17 años, dejamos de respetar las leyes de tráfico, dejamos de tener orden y honestidad, dejamos de respetar la burocracia y los canales oficiales, y que no me venga nadie con eso de que es parte de la picardía del venezolano. Ya he dicho antes que los culpo a Ellos de todo, pero tenemos nuestra parte desde el momento en que no hicimos nada. No quiero ser injusta ni desmeritar lo que han hecho muchos…  con los estudiantes que se sacrificaron en las marchas, ni con los políticos presos, soy consciente de que todavía tenemos personas trabajando, tratando de sacarnos adelante, pero tengo la sensación de que estamos paralizados ante la cantidad de problemas que enfrentamos, ante la disfuncionalidad e irracionalidad de todo, ante la criatura fea y cruel que es nuestro país ahora mismo… no puede ser que nos hayamos quedado sin opciones. ¿Dónde está el Miguel Otero Silva de mi generación? El José Pocaterra, el César Rengifo, el Andrés Eloy Blanco, el Rómulo Gallegos… ¿Dónde está el José Aguntín Catalá de nuestros días, para que luche por la libertad de expresión? ¿Dónde está nuestra Generación del 28? ¿Dónde está nuestro Falke, nuestro barco soñado, así sea un fracaso? ¿Dónde está nuestro Caracazo? ¿Dónde están nuestras letras, nuestro arte, nuestra cultura, nuestro ingenio, nuestro carácter, nuestro fuego?

 

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